
Una ampolla de rocuronio… así empezó la frenética historia de esta noche. En recuperación de quirófano las noches suelen ser tranquilas, a parte de constantes horarias, medicacion y de vez en cuando algun paciente intubado, hay tiempo para sentarse en el ordenador, leer un rato o incluso dormir. Pero una de cada cuantas ocurren cosas, situaciones limite, y la enfermeria cobra su maximo exponente en lo que a salvar vidas se refiere. Cuando algo así sucede el corazon te da un vuelco, y tras momentos iniciales de estado de alerta, el tiempo se detiene...
Se trataba de un paciente de cirugía maxilofacial. Un abceso enquistado en zona laringea que se extirpa, porque estaba produciendo compromiso ventilatorio. En otras palabras una infeccion en la garganta que estaba empezando a comprimir la traquea y a producirle al paciente dificultad respiratoria. Asi que se mete en quirófano para drenar todo el abceso. La intubacion es dificultosa, y es precisa hacerla con el fibrobroncoscopio, en lugar de con el laringo que es lo habitual, debido al importante edema de la zona, dejando el espacio justo para un tubo de pequeño calibre.
La cirugía fue bien, pero el postoperatorio era delicado. El paciente debía estar sedoanalgesiado por completo y bien vigilado, porque si se despertaba aturdido y llegara a “arrancarse” el tubo significaba muerte segura, ante la imposibilidad de volver a reintubar. Ese riesgo se mantendría durante aproximadamente una semana, una vez la inflamación de la laringe hubiera remitido.
Habían pasado 48 horas y yo entraba de turno de noche. El postoperatorio evolucionaba sin incidencias, el edema era aun importante pero todo estaba bajo control…
Eran aproximadamente las 2 de la mañana. Conversaba con el anestesista sobre temas banales, de esas cosas que solo hablan cuando la guardia acumula horas y tu cuerpo empieza a exigir una cama. De repente la alarma del respirador empezó a sonar. Me acerque para apagarla y comprobar que todo estaba bien: “Presión alta en vía respiratoria” anunciaba el monitor de alarma. Seguramente será un moco, voy a aspirarlo. Los pacientes intubados tienen abundantes secreciones bronquiales, por una defensa natural del cuerpo a un tubo de plástico que está en “su” traquea.
Pero no había secreciones, que extraño… otra vez la misma alarma… y de nuevo… esta vez canta “Apnea”… algo no va bien. El anestesista lo ausculta… ¡no esta ventilando! ¿que pasa? El me mira con cara de no saber bien lo que ocurre.
Voy a por el ambú, a lo mejor es cosa del respirador… Willy carga una ampolla de rocuronio (un relajante muscular)… la saturación de oxigeno empieza a caer, 90%...
Sigue sin ventilar, ¡este ambú esta roto!… aquí tienes otro… mierda tampoco vá… se habrá roto el tubo… la saturación ya esta en 72%... 5 miligramos de midazolam…
Ya eramos 8 personas en torno al paciente, 3 médicos, 3 enfermeros y 2 auxiliares. En todos se reflejaba la tensión. Uno buscaba el carro de parada porque se temía lo peor, yo empece a cargar medicación de parada por si acaso (atropinas, efedrinas, adrenalinas,…), los anestesistas no se explicaban que es lo que ocurria.
La saturación ya estaba en 50%, son niveles peligrosos… ¡la tensión esta cayendo!, grité. Debido a la hipoxia y los relajantes musculares la tensión habia bajado a 60/30, y seguia descendiendo… ponle efedrina… seguiamos sin poder ventilar y se estaba desestabilizando hemodinamicamente. En cualquier otro caso habríamos quitado el tubo y puesto uno nuevo, pero las circunstancias de este paciente no nos permitia esa opcion…
Como todo el mundo sabe, lo esencial y lo primero que debemos guardar en una situación asi es la via aerea. El famoso ABC de la reanimacion básica: A de airway, B de breathing y C de circulation de acuerdo con la mnemotecnia anglosajona. Sin via aerea no hay reanimacion posible. En paradas de origen cardiológico puedes dar masaje, poner medicacion, etc, pero siempre oxigenando, porque con 4 minutos de hipoxia tu cerebro esta frito. Por eso estábamos atados de manos, no podíamos ventilar, y si llegaba a pararse, nuestros esfuerzos por reanimarlo serian en vano.
La tension sigue cayendo… la saturación en 27%... uno de los anestesistas movia el tubo, para ver si todo era posicional… ahora parece que remonta. Había introducido el tubo hasta el fondo y la saturación por primera vez empezaba a remontar, pero no subía de 54%… la frecuencia cardiaca estaba disparaba lo que hacia prever que en cualquier momento saltaría a fibrilación ventricular, lo que significa técnicamente “parada cardiaca” (uno de los 4 tipos que hay)…
Prepara un set de crico, ¡rápido!... la cricotiroidotomia es una tecnica de último recurso, en casos de extrema dificultad de intubación, que consiste en introducir una aguja de gran calibre con un cateter justo debajo de la nuez, en la membrana cricotiroidea. Además de ser poco eficiente debido al escaso flujo de aire que deja pasar, tiene numerosos riesgos debido a la gran cantidad de arterias y arteriolas que pasan por esa zona. Es un recurso desesperado y temporal, pues solo te da unos minutos para preparar una traqueotomia de urgencia.
¡Tiene que ser un moco! ¿Qué otra cosa puede ser? En un intento desesperado por evitar el trágico desenlace alguien sugirió hacerle un lavado bronquial… Es una técnica casi en desuso, salvo en contadas ocasiones de secreciones muy espesas, que consiste en meter un “jeringazo” de suero fisiológico a través del tubo endotraqueal, dar dos emboladas de ambú y aspirar las secreciones…
¡Vamos aspira!... de pronto un moco negro y espeso aparece a través de la manguera de aspiración ¡ahí está! Sigue dando ambú… ¡parece que funciona!... 60%...70%... ¡por fin!
Un jodido moco ha estado a punto de acabar con su vida. Al ser un tubo más estrecho de lo habitual también es más propenso a taponarse, y al ser imposible cambiarlo un simple “pollo” nos ha puesto contra la pared.
Finalmente este señor se recuperará, si todo va bien, subirá a planta y se ira de alta a casa, y probablemente nunca llegue a saber que en un turno de noche estuvo a punto de morir, pero que un equipo de profesionales le salvaron la vida.
El no lo sabrá, pero yo si, y es algo que me hace creer aun mas en mi trabajo Me llena de orgullo y me hace sentirme especial, pero me hace mas evidente la enorme responsabilidad de mi trabajo. No hace falta ser House y diagnosticar enfermedades imposibles para salvar vidas. Un simple moco nos puede matar, literalmente, somos así de frágiles por más que nos sintamos la raza superior.
Rhode